Cuando un opositor empieza a trabajar los temas de las oposiciones de Educación Física, es habitual que su principal preocupación sea aprender todo el contenido posible.
Autores, clasificaciones, conceptos, legislación, ejemplos, definiciones...
Parece lógico pensar que cuanto más contenido seamos capaces de introducir en un tema, mejor será el resultado.
Sin embargo, al corregir temas encuentro cada vez con más frecuencia un problema diferente.
El opositor puede conocer el contenido y, aun así, tener dificultades para convertir ese conocimiento en un texto claro, coherente y agradable de leer.
Y esto importa mucho.
Un tema de oposición no consiste simplemente en demostrar todo lo que sabemos.
Tenemos que conseguir que otra persona pueda leer durante varios minutos nuestro desarrollo, seguir nuestro razonamiento y comprender con facilidad qué queremos explicar y por qué cada contenido aparece en ese momento.
El tribunal no evalúa únicamente la cantidad de información.
También está leyendo nuestra capacidad para seleccionar, organizar, relacionar y comunicar conocimiento.
Después de corregir muchos temas, hay tres problemas que encuentro especialmente importantes.
Saber el contenido, pero no saber redactarlo
Este es uno de los aspectos que más me preocupa últimamente.
Cada vez encuentro más opositores que poseen conocimientos suficientes sobre el tema, pero presentan dificultades importantes a la hora de expresarlos por escrito.
Y aquí aparecen problemas muy diferentes:
- Faltas de ortografía.
- Errores de sintaxis.
- Frases excesivamente largas.
- Vocabulario poco preciso.
- Utilización incorrecta o repetitiva de conectores.
- Varias ideas diferentes dentro de un mismo párrafo.
- Cambios bruscos de un contenido a otro.
- Ausencia de una estructura interna clara.
El resultado puede ser un tema que contiene información correcta, pero que resulta difícil de leer.
Y en una oposición eso supone una desventaja importante.
La ortografía no es un detalle
Las faltas de ortografía pueden penalizar considerablemente.
Y existe además una cuestión profesional que no debemos olvidar: estamos aspirando a ejercer como docentes.
La capacidad para comunicarnos correctamente por escrito forma parte de esa profesionalidad.
Por eso considero que la ortografía, la sintaxis, el dominio del léxico y la claridad de expresión no son aspectos secundarios del tema.
Forman parte de su calidad.
Puedes haber estudiado durante semanas un contenido, pero si al escribirlo aparecen errores constantemente, la percepción final puede deteriorarse mucho.
Además, creo que este problema se está haciendo cada vez más visible.
Leemos menos textos extensos, escribimos menos a mano y utilizamos constantemente herramientas digitales que corrigen, completan o incluso redactan por nosotros.
La inteligencia artificial puede ser una herramienta enormemente útil durante la preparación, pero existe un riesgo evidente si dejamos de practicar una capacidad que el día del examen tendremos que utilizar nosotros mismos: escribir.
En la prueba no basta con reconocer un texto bien redactado.
Hay que ser capaz de producirlo.
Un párrafo debería desarrollar una idea
Otro error muy frecuente es encontrar párrafos enormes en los que aparecen varias ideas diferentes.
El opositor empieza explicando un concepto, introduce después un autor, enlaza con una clasificación y acaba hablando de una aplicación didáctica.
Todo dentro del mismo bloque.
El lector tiene entonces que hacer un esfuerzo adicional para comprender dónde termina una idea y empieza la siguiente.
Una regla sencilla que suelo trabajar es pensar que cada párrafo debería desarrollar principalmente una idea.
Eso no significa escribir frases aisladas ni convertir el tema en una enumeración.
Significa organizar el discurso.
Un párrafo puede introducir una idea, desarrollarla, justificarla y conducirnos hacia la siguiente.
Cuando aprendemos a hacer esto, el texto cambia mucho.
La lectura se vuelve más fluida y el razonamiento resulta más fácil de seguir.
Escribir claro también ayuda a pensar claro
Hay otra cuestión que observo muchas veces al corregir.
Cuando una idea aparece escrita de manera desordenada, con frecuencia el problema no está únicamente en la redacción.
El propio razonamiento todavía no está suficientemente organizado.
Por eso trabajar la escritura también obliga al opositor a preguntarse:
- ¿Qué quiero explicar exactamente?
- ¿Cuál es la idea principal?
- ¿Qué información necesito para desarrollarla?
- ¿Y qué debería aparecer después?
Un buen tema necesita contenido, pero también necesita arquitectura.
Volcar contenido sin introducirlo, conectarlo ni justificarlo
Este probablemente sea uno de los errores más habituales en los temas de oposiciones.
El opositor ha estudiado mucho.
Sabe que determinado autor debe aparecer.
Recuerda una clasificación.
Tiene preparada una definición.
Conoce varios conceptos importantes.
Y empieza a introducirlos uno detrás de otro.
El problema es que el tema termina convirtiéndose en una especie de catálogo de conocimientos.
Aparece un contenido.
Después otro.
Después una cita.
Después una clasificación.
Pero no siempre entendemos por qué aparece cada elemento ni qué relación guarda con el anterior.
Y un tema no debería ser una sucesión de contenidos que hemos memorizado.
Debería tener un hilo.
No se trata de “vomitar” todo lo que sabemos
Esta es una idea que trabajo mucho durante las correcciones.
El objetivo no consiste en introducir todo aquello que recordamos.
Consiste en seleccionar aquello que ayuda a desarrollar bien el tema.
Antes de incorporar un contenido podemos hacernos una pregunta sencilla:
“¿Por qué es importante explicar esto aquí?
Si somos capaces de responder, será mucho más fácil introducirlo correctamente.
Por ejemplo, en lugar de pasar directamente de un apartado a una clasificación determinada, podemos explicar primero qué problema nos ayuda a comprender esa clasificación o por qué resulta relevante dentro de ese epígrafe.
Ese pequeño cambio transforma mucho la lectura.
El tribunal deja de recibir información aislada y empieza a seguir un razonamiento.
Esta selección se vuelve más sencilla cuando el contenido se ha comprendido y relacionado antes de memorizarlo. En la guía sobre cómo estudiar el temario sin memorizar de forma mecánica explico ese trabajo previo.
Los contenidos necesitan transición
También resulta importante aprender a conectar unas ideas con otras.
Los conectores no deben utilizarse simplemente porque “hay que poner conectores”.
Su función es ayudar al lector a entender la relación existente entre las ideas.
- Añadir información.
- Establecer un contraste.
- Explicar una consecuencia.
- Introducir un ejemplo.
- Cerrar una idea.
- Pasar hacia otra perspectiva.
Cuando estas relaciones están claras, el texto gana coherencia.
Pero cuando utilizamos conectores de manera automática o pasamos directamente de una idea a otra, el tema puede resultar fragmentado aunque toda la información sea correcta.
La estructura del título debe guiar el desarrollo
También suelo encontrar temas en los que el opositor domina muchos contenidos, pero pierde de vista algo aparentemente básico:
El propio título del tema ya nos está indicando qué debemos desarrollar.
Cada epígrafe debería cumplir una función.
Y debería existir una relación lógica entre ellos.
Por eso no basta con tener una plantilla que sirva para todos los temas.
Hay que leer bien qué pide cada título y construir el desarrollo alrededor de esa estructura.
El contenido debe estar al servicio del tema.
No al revés.
Hacer un tema demasiado teórico y alejado de la realidad del aula
Existe otro error muy frecuente, especialmente cuando el opositor intenta demostrar un alto nivel académico.
El tema empieza a llenarse de autores, teorías, modelos, definiciones, clasificaciones y referencias.
Todo ello puede ser perfectamente correcto.
El problema aparece cuando terminamos el tema y apenas hemos podido imaginar cómo se traduce todo eso en una clase real de Educación Física.
Citar autores no es el objetivo
Utilizar buenas referencias es importante.
Un autor puede ayudarnos a definir, justificar, explicar una teoría, respaldar una decisión o mostrar que conocemos el desarrollo científico de un concepto.
Pero citar autores no debería convertirse en un objetivo en sí mismo.
Una sucesión de apellidos puede dar apariencia académica y, al mismo tiempo, aportar muy poco al desarrollo real del tema.
Para mí, la pregunta importante es otra:
“¿Qué me ayuda a explicar esta referencia?
Si un autor aporta una perspectiva relevante, utilicémoslo.
Si una teoría ayuda a comprender una decisión didáctica, expliquémosla.
Pero después deberíamos ser capaces de conectar ese conocimiento con la realidad educativa.
La teoría debería llegar al aula
Un tema de Educación Física tiene una ventaja extraordinaria: gran parte de sus contenidos pueden conectarse con situaciones educativas reales.
Podemos preguntarnos:
- ¿Cómo afecta esto a la forma de organizar una sesión?
- ¿Qué implicación puede tener para nuestro alumnado?
- ¿Cómo condiciona la metodología?
- ¿Puede relacionarse con la evaluación?
- ¿Existe alguna consecuencia para la atención a la diversidad?
- ¿Cómo se podría observar en una clase de Educación Física?
No significa que cada párrafo necesite terminar con un ejemplo.
Tampoco debemos convertir un tema teórico en una programación didáctica.
Pero sí considero importante que el tribunal perciba que entendemos el significado educativo de aquello que estamos explicando.
Porque no estamos preparando un examen universitario sobre teoría de la Educación Física.
Estamos optando a una plaza docente.
Rigor científico y realidad educativa no son incompatibles
A veces parece que tenemos que escoger entre hacer un tema académico o hacer un tema práctico.
No debería ser así.
Los mejores temas pueden mantener el rigor científico y, al mismo tiempo, demostrar capacidad para interpretar ese conocimiento desde la enseñanza.
Podemos utilizar autores.
Podemos incorporar investigaciones.
Podemos desarrollar modelos teóricos.
Pero debemos hacerlo dentro de un discurso que tenga sentido para la Educación Física actual y para la realidad del aula.
Eso también nos ayuda a diferenciarnos.
Muchos opositores pueden estudiar una definición similar.
Lo que empieza a marcar diferencias es cómo la entienden, cómo la relacionan y qué son capaces de hacer con ella.
Un buen tema no es el que contiene más información
Cuando corrijo temas, una de las ideas que intento transmitir desde el principio es que más contenido no significa necesariamente mejor tema.
Hay un tiempo limitado.
Existe también una capacidad limitada para desarrollar cada idea.
Por eso debemos seleccionar.
Un buen tema necesita:
- Contenido riguroso.
- Estructura.
- Capacidad de síntesis.
- Buena redacción.
- Conexión entre ideas.
- Referencias bien utilizadas.
- Contextualización educativa.
- Ejemplos cuando realmente aporten.
- Una conclusión coherente con lo desarrollado.
Todo eso debe funcionar conjuntamente.
No se trata simplemente de estudiar más.
Se trata también de aprender a construir un discurso.
El tribunal tiene que querer seguir leyendo
Hay una idea sencilla que me parece especialmente útil cuando trabajamos los temas:
El texto tiene que resultar fácil de seguir.
El tribunal va a leer muchos ejercicios.
Por eso deberíamos intentar que nuestra redacción no le obligue a descifrar qué queremos decir.
Una buena introducción conduce hacia el desarrollo.
Cada epígrafe responde a una parte concreta del título.
Los párrafos tienen sentido interno.
Las ideas están conectadas.
Las referencias aparecen cuando aportan algo.
La teoría se relaciona con la profesión docente.
Y la conclusión realmente cierra el recorrido realizado.
Cuando todo esto ocurre, el tema deja de parecer una colección de información memorizada.
Empieza a transmitir otra cosa: dominio.
Aprender a escribir también forma parte de preparar una oposición
Muchas veces dedicamos prácticamente todo el tiempo de preparación a estudiar.
Pero escribir también se entrena.
Y debería entrenarse mucho antes del día del examen.
Escribir un tema. Releerlo. Detectar repeticiones. Separar ideas. Cambiar un conector. Eliminar un contenido que no aporta. Introducir mejor una referencia. Buscar una forma más precisa de explicar un concepto. Corregir una falta.
Todo eso también es preparación.
En los primeros temas que corrijo suele haber mucho trabajo en este sentido.
Después, poco a poco, la escritura empieza a cambiar.
El opositor deja de preocuparse únicamente por:
“¿Me sé todo lo que tengo que poner?
Y empieza a preguntarse también:
“¿Estoy consiguiendo explicar bien lo que sé?
Ese cambio es muy importante.
Porque el objetivo final no es demostrar que hemos memorizado un temario.
Es conseguir que el tribunal perciba que dominamos la materia y somos capaces de comunicarla con rigor, claridad y sentido docente.
¿Estás empezando a trabajar tus temas de Educación Física?
Si estás preparando las oposiciones de Educación Física de Primaria o Secundaria, una parte importante de la preparación consiste precisamente en aprender a transformar los temas base en temas propios.
Durante la preparación trabajo con cada opositor la personalización de los temas, su estructura, la selección de contenidos, las referencias, la conexión con el aula y, especialmente, la forma de redactarlos.
Los temas que cada opositor va personalizando se corrigen individualmente, trabajando tanto el contenido como la coherencia y la calidad de la expresión escrita.
El objetivo no es que todos escriban el mismo tema.
Es que cada opositor sea capaz de construir un tema riguroso, personal, coherente y defendible.
Si todavía estás organizando el contenido, puedes profundizar en la guía de los 25 temas de Educación Física de Primaria o en la de los 65 temas de Educación Física de Secundaria.