Cuando escucho por primera vez a un opositor defender su programación, hay una diferencia que suele apreciarse con bastante rapidez.
No tiene que ver únicamente con los nervios.
Ni siquiera con que una persona tenga más facilidad natural para hablar en público que otra.
Tiene que ver con algo más profundo:
la forma en la que habla sobre aquello que está defendiendo.
Hay opositores que realizan una exposición formal, fluida y relativamente natural.
Utilizan vocabulario educativo con normalidad.
Relacionan unas ideas con otras.
Explican por qué han tomado determinadas decisiones.
Y, aunque evidentemente llevan su defensa preparada, no transmiten la sensación de estar reproduciendo un texto aprendido de memoria.
En otros casos ocurre justo lo contrario.
Aparecen pausas frecuentes. Momentos en los que el opositor intenta recordar qué viene después. Tecnicismos introducidos de forma algo forzada. Cambios bruscos entre ideas. Nerviosismo cuando algo se sale del guion.
Y una sensación general de que la persona está intentando recordar una exposición, en lugar de explicar una programación que domina.
Para mí, ahí existe una de las principales diferencias entre una defensa memorizada y una defensa realmente preparada.
1. Una buena defensa no debería sonar memorizada
Evidentemente, una defensa oral necesita preparación.
Hay que conocer:
- la estructura;
- el orden;
- los tiempos;
- los conceptos importantes;
- los ejemplos;
- las transiciones;
- los recursos que se van a utilizar.
Pero preparar una exposición no significa memorizar cada frase.
De hecho, una dependencia excesiva de la memoria puede convertirse en un problema.
Cuando hemos memorizado literalmente una intervención, necesitamos que todo ocurra como estaba previsto.
Si olvidamos una frase, podemos perder el hilo.
Si adelantamos accidentalmente una idea, podemos intentar volver atrás.
Si el tribunal interrumpe o plantea una cuestión inesperada, resulta más difícil salir del discurso preparado.
En cambio, cuando dominamos realmente nuestra programación, ocurre algo diferente.
Sabemos qué queremos explicar.
Entendemos por qué hemos tomado cada decisión.
Conocemos las relaciones entre unos elementos y otros.
Y podemos llegar a una misma idea utilizando palabras diferentes.
Eso proporciona mucha más libertad.
La exposición deja de ser una recitación y empieza a convertirse en una explicación profesional.
2. Hablar con lenguaje formal también se entrena
Otra diferencia que observo bastante entre opositores es la facilidad para utilizar un registro formal y profesional.
Algunas personas incorporan con bastante naturalidad expresiones propias del ámbito educativo.
Hablan de:
- evaluación formativa;
- criterios de evaluación;
- competencias;
- situaciones de aprendizaje;
- intervención docente;
- metodología;
- inclusión;
- feedback;
- participación;
- autonomía;
- aprendizaje.
Pero no introducen estos términos porque “queden bien”.
Forman parte de su forma de explicar lo que están haciendo.
En cambio, cuando ese lenguaje todavía no está interiorizado, los tecnicismos pueden aparecer de forma forzada.
El opositor recuerda que debería mencionar determinado concepto y lo introduce, pero no siempre queda conectado con lo que estaba explicando.
Y eso se nota.
El vocabulario profesional necesita incorporarse al habla
No basta con saber definir un término por escrito.
También necesitamos acostumbrarnos a utilizarlo oralmente.
Por eso considero importante incorporar progresivamente un lenguaje más formal y técnico a la propia manera de expresarse durante la preparación.
No se trata de hablar permanentemente como si estuviéramos ante un tribunal.
Se trata de conseguir que determinadas expresiones formen parte de nuestro vocabulario habitual.
Cuanto más natural resulte utilizar ese lenguaje, menos esfuerzo tendremos que hacer durante la defensa.
Y cuanto menos esfuerzo dediquemos a buscar las palabras, más podremos concentrarnos en lo realmente importante:
explicar nuestras decisiones.
3. La fluidez depende mucho del dominio del contenido
Muchas veces asociamos la fluidez exclusivamente con la capacidad para hablar.
Pero en una defensa de oposiciones hay otro factor decisivo:
cuánto dominamos realmente aquello que estamos explicando.
Cuando el opositor conoce profundamente su programación, puede contarla.
No necesita recordar exactamente cómo estaba escrita una frase.
Puede explicar:
- por qué eligió esa metodología;
- por qué planteó determinada evaluación;
- cómo funcionan sus situaciones de aprendizaje;
- qué decisiones ha tomado;
- qué problemas pretende resolver;
- cómo se adapta al alumnado.
Puede incluso reformular una explicación si percibe que no ha quedado suficientemente clara.
Eso es dominio.
Cuando ese dominio todavía no existe, aparecen con mayor frecuencia:
- silencios mientras se intenta recordar;
- frases que empiezan y no terminan;
- cambios de dirección;
- nerviosismo;
- vocabulario excesivamente genérico;
- dificultad para justificar decisiones.
Por eso, trabajar una defensa no consiste únicamente en repetirla muchas veces.
También consiste en comprender cada una de las decisiones que contiene.
4. Una prueba muy sencilla: responder algo que no estaba preparado
Hay un momento en el que suele apreciarse especialmente bien si el opositor domina realmente el contenido.
Las preguntas.
Mientras seguimos nuestro propio guion, podemos apoyarnos mucho en lo que hemos preparado.
Pero cuando aparece una pregunta que no habíamos previsto exactamente, ya no tenemos un texto memorizado al que recurrir.
Tenemos que pensar.
Y ahí se observa rápidamente cuánto entendemos de nuestra propia programación.
No significa que debamos tener respuesta inmediata para absolutamente todo.
Eso sería una expectativa poco realista.
Pero sí deberíamos ser capaces de:
- comprender qué nos están preguntando;
- relacionarlo con nuestra programación;
- razonar;
- justificar nuestra respuesta;
- reconocer una limitación cuando sea necesario;
- y mantener un lenguaje profesional.
Para mí, esta capacidad es una señal muy importante de dominio.
Porque demuestra que el opositor no ha aprendido únicamente un discurso.
Entiende el proyecto que está defendiendo.
5. Grabarse es una de las herramientas que más ayuda
Existe una herramienta muy sencilla que utilizo y recomiendo con frecuencia:
grabar la defensa.
Escucharnos mientras hablamos y escucharnos después desde fuera son experiencias bastante diferentes.
Mientras estamos exponiendo podemos tener la sensación de que hablamos con claridad.
Pero después, al ver una grabación, empiezan a aparecer detalles que no habíamos percibido:
- pausas demasiado largas;
- muletillas;
- velocidad excesiva;
- monotonía;
- repeticiones;
- lenguaje poco preciso;
- falta de conexión entre ideas;
- postura;
- gestos;
- mirada;
- inseguridad en determinados momentos.
La grabación funciona como un espejo.
Y permite algo muy importante:
comparar.
Podemos grabar una primera defensa.
Trabajar durante varias semanas.
Y volver a realizarla.
La diferencia empieza a hacerse evidente.
También resulta útil observar buenos comunicadores
Otro ejercicio interesante es escuchar a personas que se expresan especialmente bien.
No para imitarlas.
Sino para analizar:
- cómo estructuran una explicación;
- cómo utilizan las pausas;
- cómo conectan ideas;
- cómo enfatizan;
- cómo cambian el ritmo;
- cómo introducen ejemplos;
- cómo transmiten seguridad.
También puede hacerse durante las propias sesiones de preparación.
Cuando explico algo al opositor, podemos analizar no solamente qué estoy diciendo, sino cómo estoy organizando oralmente la explicación.
El objetivo final no es crear una forma artificial de hablar.
Es ampliar los recursos comunicativos del opositor.
6. Los tecnicismos tienen que estar conectados con lo que estamos explicando
Utilizar vocabulario especializado puede mejorar considerablemente una defensa.
Pero únicamente si está bien utilizado.
Introducir términos como “evaluación formativa”, “DUA”, “metodología activa”, “competencia específica”, “feedback”, o cualquier otro concepto educativo, no aporta demasiado si después no sabemos explicar cómo aparece realmente en nuestra programación.
Esto conecta con algo que trabajo también en la parte escrita.
No se trata de demostrar cuántos términos conocemos.
Se trata de utilizarlos con precisión.
Si hablamos de evaluación formativa, deberíamos poder explicar dónde ocurre.
Si hablamos de autonomía, deberíamos poder mostrar qué decisiones puede tomar el alumnado.
Si hablamos de inclusión, deberíamos poder mostrar cómo facilitamos la participación.
El lenguaje técnico funciona cuando ayuda a explicar.
No cuando funciona como decoración.
7. Seguridad no significa ausencia de nervios
También conviene diferenciar dos cosas:
estar nervioso y no dominar la defensa.
Es perfectamente normal sentir nervios ante un tribunal.
Una persona puede conocer perfectamente su programación y seguir sintiendo activación, tensión o inseguridad al comienzo de la exposición.
El objetivo no debería ser necesariamente eliminar todos los nervios.
Debería ser conseguir que esos nervios no impidan comunicar lo que sabemos.
Y aquí vuelve a aparecer el dominio.
Cuanto mejor conocemos nuestra programación, menos recursos mentales necesitamos dedicar a recordar qué tenemos que decir.
Eso nos permite concentrarnos en:
- el tribunal;
- el ritmo;
- la voz;
- los recursos;
- la expresión;
- el tiempo;
- la comunicación no verbal.
En los opositores que necesitan trabajar específicamente la seguridad o la gestión del nerviosismo, este aspecto también debe entrenarse.
Pero no debería utilizarse como sustituto del trabajo de fondo.
Una buena técnica de respiración no puede compensar una programación que no entendemos.
8. La defensa empieza mucho antes de las últimas semanas
Otro error sería dejar todo este trabajo para el final.
La defensa adquiere mucho más peso cuando se aproxima la prueba.
Es lógico.
Pero la capacidad de explicar las propias decisiones debería desarrollarse durante todo el proceso.
Cada vez que el opositor construye una parte de su programación debería poder responder:
¿Por qué lo hago así?
Cada vez que selecciona un instrumento:
¿Para qué lo necesito?
Cada vez que plantea una metodología:
¿Por qué encaja aquí?
Cada vez que diseña una situación de aprendizaje:
¿Qué quiero conseguir?
Si trabajamos así durante meses, la defensa final se vuelve mucho más natural.
Porque llevamos meses razonando sobre la programación.
No intentamos comprenderla tres semanas antes del examen.
9. Cuando realmente se domina, se nota
Existe un momento en el que el cambio se hace bastante evidente.
El opositor deja de estar pendiente constantemente de recordar la siguiente frase.
Empieza a mirar más. A explicar. A conectar unas ideas con otras.
Utiliza vocabulario profesional con mayor naturalidad.
Puede desviarse brevemente y volver al hilo.
Puede responder una pregunta que no esperaba.
Y, sobre todo, puede justificar.
Ese último aspecto me parece fundamental.
No basta con explicar:
“En mi programación utilizo esto.”
Hay que poder añadir:
“Lo utilizo por esta razón.”
Cuando existe esa capacidad, la defensa empieza a transmitir criterio.
Para profundizar en el diseño y la exposición de una situación de aprendizaje según tu etapa, puedes consultar las guías de situaciones de aprendizaje y defensa oral de Educación Física en Primaria y de situaciones de aprendizaje y defensa oral de Educación Física en Secundaria.
Una buena defensa no consiste en parecer que sabes: consiste en demostrar que entiendes
Al preparar una oposición es lógico buscar frases potentes. Buenas transiciones. Recursos. Una introducción llamativa. Una conclusión eficaz.
Todo eso puede ayudar.
Pero nada de ello sustituye al dominio.
Para mí, el objetivo de la preparación oral no debería ser conseguir que el opositor recite perfectamente una exposición.
Debería ser conseguir que pueda contar su programación con seguridad, lenguaje profesional y criterio.
Que pueda explicar por qué ha tomado sus decisiones.
Que pueda responder cuando algo se sale del guion.
Que pueda utilizar vocabulario técnico sin que parezca introducido artificialmente.
Y que el tribunal perciba que detrás del documento hay alguien que entiende lo que propone.
Porque cuando eso ocurre, la diferencia se nota.
¿Estás preparando la defensa oral de tu programación?
Si estás preparando las oposiciones de Educación Física de Primaria o Secundaria, la defensa oral debe trabajarse progresivamente y no únicamente en las últimas semanas.
Durante la preparación trabajamos:
- expresión oral;
- lenguaje formal y técnico;
- comunicación no verbal;
- utilización de recursos;
- gestión del tiempo;
- capacidad para captar y mantener la atención;
- simulacros;
- preguntas del tribunal;
- posibles incidencias;
- seguridad y gestión de nervios cuando es necesario.
Los simulacros se realizan de forma periódica durante la preparación y adquieren mayor importancia conforme se acerca la prueba.
El objetivo no es aprender una exposición palabra por palabra.
Es conseguir que puedas explicar y defender con solvencia una programación que realmente dominas.
Puedes consultar la preparación específica de Educación Física de Primaria o Educación Física de Secundaria, o solicitar una sesión diagnóstica gratuita para comentar tu situación y resolver tus dudas.