Planificación de Educación Física con anotaciones que conectan actividades, evaluación y decisiones de aula
Coherencia entre actividades, evaluación y decisiones de aula en una programación didáctica de Educación Física.

Una programación didáctica puede cumplir todos los apartados exigidos y, aun así, transmitir rápidamente que quien la ha elaborado todavía no ha terminado de pensar como docente.

Es algo que encuentro con bastante frecuencia cuando empiezo a revisar programaciones de opositores.

Objetivos. Competencias. Saberes. Metodología. Evaluación. Atención a la diversidad. Situaciones de aprendizaje.

Todos los apartados están.

Formalmente, parece que la programación está completa.

Sin embargo, cuando empiezas a leerla en profundidad, aparece un problema mucho más importante:

cada apartado parece haber sido elaborado de forma independiente.

Y una programación real no funciona así.

Una programación didáctica debería ser un sistema de decisiones relacionadas entre sí.

Lo que hacemos en el aula condiciona cómo evaluamos.

Las características del alumnado afectan a la metodología.

Los criterios de evaluación condicionan las actividades.

Las situaciones de aprendizaje deben responder a unos objetivos determinados.

Y todo ello debería poder explicarse y defenderse con naturalidad ante un tribunal.

Por eso, cuando trabajo una programación con un opositor, me interesa mucho más la coherencia interna que la simple presencia de todos los apartados.

1. Una programación debe parecer una programación real

Hay algo que se aprecia con bastante rapidez al leer una programación.

Cuando una persona ha trabajado como docente, suele tener una determinada forma de plantear las decisiones educativas.

No porque exista una plantilla secreta.

Sino porque conoce la realidad de un centro.

Sabe que hay horarios. Espacios. Materiales limitados. Grupos heterogéneos.

Alumnado que participa mucho y alumnado al que cuesta implicar.

Días en los que una actividad funciona perfectamente y otros en los que tienes que modificarla sobre la marcha.

Evaluaciones. Coordinación. Conflictos. Ritmos diferentes.

Todo eso acaba influyendo en la manera de programar.

Por eso una de las mayores dificultades que encuentro en opositores que todavía no han tenido demasiada experiencia docente es conseguir que su programación parezca realmente aplicable.

Puede estar técnicamente bien construida, pero resultar demasiado ideal.

Y una programación excesivamente ideal es difícil de defender.

La pregunta que deberíamos hacernos

Cuando revisamos una decisión de nuestra programación podemos plantearnos algo muy sencillo:

¿Esto podría hacerlo realmente con un grupo de alumnos?

No:

¿Queda bien escrito?

Ni siquiera únicamente:

¿Cumple la normativa?

Sino:

¿Es viable?

Una programación debería poder trasladarse al aula.

No significa que tenga que prever absolutamente todo lo que puede ocurrir durante un curso.

Eso sería imposible.

Significa que las decisiones deben ser razonables, coherentes y compatibles con la realidad educativa.

En Educación Física esto es especialmente importante porque trabajamos con espacios, agrupamientos, materiales, desplazamientos, seguridad, tiempos de práctica, participación y gestión del grupo.

La programación debe reflejarlo.

2. El error de “rellenar apartados”

Este es probablemente el problema que más encuentro.

El opositor sabe que tiene que explicar determinados elementos.

Por tanto, crea un apartado para cada uno.

Explica los objetivos. Después las competencias. Después la metodología. Después la evaluación. Después la atención a la diversidad. Después las situaciones de aprendizaje.

Y continúa.

El problema aparece cuando esos apartados no hablan entre ellos.

Parece que cada uno responde a una pregunta diferente.

Pero una programación no debería construirse así.

Los apartados tienen que relacionarse

Si afirmamos que nuestra metodología busca aumentar la autonomía del alumnado, esa autonomía debería aparecer en las actividades.

Si decimos que realizamos evaluación formativa, debería existir recogida de información durante el proceso.

Si planteamos determinadas medidas de atención a la diversidad, deberían poder observarse en nuestras propuestas.

Si seleccionamos determinados criterios de evaluación, las situaciones de aprendizaje deberían generar oportunidades reales para observarlos.

Si defendemos que queremos aumentar la adherencia a la actividad física, nuestras decisiones metodológicas deberían favorecer una experiencia positiva, significativa y participativa.

Todo tiene consecuencias.

Eso es lo que hace que una programación deje de parecer una plantilla rellenada y empiece a funcionar como un proyecto educativo.

Coherencia antes que cantidad

Una programación no mejora automáticamente por incluir más metodologías, más instrumentos de evaluación o más referencias.

De hecho, puede ocurrir justo lo contrario.

Cuantas más decisiones incluimos, más difícil es garantizar que todas estén realmente relacionadas.

Por eso prefiero una programación donde el opositor pueda explicar claramente:

“Hago esto por esta razón y lo relaciono con este elemento.”

Antes que una programación cargada de conceptos que después resulta difícil justificar.

Y esto se nota especialmente durante la defensa.

Cuando existe coherencia, el opositor no necesita memorizar cada decisión de forma independiente.

Entiende la lógica que hay detrás.

3. La evaluación es uno de los lugares donde más se descubre la incoherencia

Uno de los puntos donde más claramente aparece esta desconexión es la evaluación.

Muchas programaciones actuales hablan correctamente de:

  • evaluación continua;
  • evaluación criterial;
  • evaluación competencial;
  • evaluación formativa;
  • autoevaluación;
  • coevaluación;
  • heteroevaluación;
  • instrumentos variados.

Sobre el papel puede parecer perfecto.

El problema llega cuando revisamos las actividades.

Y descubrimos que prácticamente toda la evaluación importante sucede al final.

Este es un modelo muy arraigado.

Durante muchos años hemos entendido la evaluación principalmente como el momento en el que ponemos una nota.

Por eso cuesta cambiar esa forma de pensar.

Pero una evaluación verdaderamente formativa funciona de otra manera.

4. Evaluar no es esperar hasta el final para poner una nota

Si la evaluación es formativa, necesitamos obtener información durante el proceso.

Mientras el alumnado está aprendiendo.

No únicamente cuando ha terminado.

Esto implica observar. Preguntar. Registrar. Dar feedback. Permitir que el alumnado revise. Modificar. Volver a intentarlo. Comparar su evolución.

La información que recogemos debería ayudarnos a tomar decisiones.

Pero también debería ayudar al propio alumno a mejorar.

Ese es el cambio fundamental.

La evaluación debería estar presente durante las situaciones de aprendizaje

Cuando reviso una programación bien planteada, puedo encontrar momentos de evaluación a lo largo de las actividades y sesiones.

No significa convertir todas las clases en un examen.

Significa que el docente recoge información sistemáticamente.

Por ejemplo:

  • ¿Qué está consiguiendo el alumnado?
  • ¿Qué dificultades aparecen?
  • ¿Quién necesita ayuda?
  • ¿Estamos alcanzando lo previsto?
  • ¿Necesitamos modificar algo?
  • ¿Qué feedback puede ayudar al alumno a progresar?

La evaluación deja entonces de ser un elemento que añadimos al final de la programación.

Se convierte en parte del proceso de enseñanza y aprendizaje.

La nota es necesaria, pero no debería ser el centro

Evidentemente, una oposición exige conocer cómo se obtiene una calificación.

Y en el sistema educativo existen calificaciones.

Pero si reducimos la evaluación únicamente a esa nota final, perdemos gran parte de su valor pedagógico.

Lo importante debería ser que la información recogida durante el proceso permita que el alumnado aprenda y mejore antes de llegar al final.

El objetivo es que cada alumno tenga oportunidades de progresar.

La calificación final acaba siendo una consecuencia de ese proceso.

No su única finalidad.

Y eso debería poder observarse claramente en una programación.

5. Una programación defendible debe poder verse en las actividades

Hay una prueba bastante sencilla que utilizo al revisar una programación.

Si elimináramos el apartado donde el opositor explica su metodología, su evaluación o su atención a la diversidad, ¿podríamos reconocer esos elementos observando las situaciones de aprendizaje?

Si la respuesta es no, probablemente existe un problema.

Una buena programación debería hacer visibles sus principios.

Si defendemos aprendizaje cooperativo, tenemos que verlo en la organización de las tareas.

Si hablamos de participación activa, las actividades deberían permitirla.

Si planteamos una evaluación formativa, debería existir recogida de información y feedback durante el proceso.

Si hablamos de inclusión, las propuestas deberían ofrecer posibilidades reales de participación.

En el artículo sobre cómo se reconoce la inclusión en el diseño de Educación Física desarrollo qué observo al corregir estas decisiones.

Si queremos desarrollar autonomía, el alumnado debería tener oportunidades de tomar decisiones.

Esto convierte la programación en algo mucho más defendible.

Porque ya no estamos recitando principios.

Estamos mostrando cómo se aplican.

Si quieres profundizar en cómo mostrar esas decisiones al tribunal, puedes consultar los artículos sobre situaciones de aprendizaje y defensa oral en Primaria y defensa de situaciones de aprendizaje en Secundaria.

En las situaciones de aprendizaje, esta comprobación exige mirar la relación entre criterios, saberes y actividades. Explico un error que encuentro al corregirlas y cómo cambia el razonamiento durante la preparación.

6. Una programación tiene que ser realista

Otro aspecto que considero fundamental es el realismo.

A veces, con la intención de presentar una programación innovadora, terminamos diseñando un curso que difícilmente podría existir.

Demasiados proyectos. Demasiados recursos. Demasiados instrumentos. Demasiadas metodologías. Demasiadas actividades extraordinarias.

Todo parece interesante individualmente.

Pero cuando lo observamos como conjunto, resulta difícil imaginar que pueda llevarse a la práctica durante un curso real.

Innovar no significa acumular propuestas.

Una buena programación puede ser innovadora precisamente porque selecciona bien.

Porque utiliza los recursos adecuados.

Porque sabe cuándo una metodología aporta valor y cuándo no.

Porque respeta el tiempo disponible.

Porque prioriza.

Y porque está pensada para un alumnado concreto.

7. La programación debe estar pensada para personas

Esta es probablemente una de las ideas que más me interesa transmitir.

Cuando elaboramos una programación podemos acabar demasiado pendientes del documento.

Epígrafes. Formato. Normativa. Extensión. Anexos. Tablas. Instrumentos.

Y podemos olvidar algo bastante evidente:

estamos programando para personas.

Alumnado con motivaciones diferentes. Con experiencias previas diferentes. Con días buenos y malos. Con capacidades distintas. Con intereses distintos. Con necesidades diferentes.

Una programación de Educación Física debería tener en cuenta esa realidad.

No estamos diseñando únicamente contenidos.

Estamos diseñando experiencias de aprendizaje.

Y parte de nuestro trabajo como docentes consiste en conseguir que el alumnado participe, encuentre sentido a aquello que hace y tenga oportunidades de mejorar.

8. Motivar, evaluar y ayudar a mejorar

Si tuviera que resumir en pocas palabras qué debería existir detrás de una buena programación, probablemente utilizaría estas tres ideas:

motivar, evaluar y ayudar a mejorar.

Motivar no significa convertir todas las sesiones en entretenimiento.

Significa construir experiencias que favorezcan la participación y permitan al alumnado comprender el sentido de lo que está aprendiendo.

Evaluar no significa simplemente calificar.

Significa recoger información sobre lo que está ocurriendo.

Y ayudar a mejorar significa utilizar esa información para intervenir.

Dar feedback. Modificar una tarea. Ofrecer una nueva oportunidad. Cambiar una agrupación. Reformular una explicación. Aumentar o reducir una dificultad.

Ahí aparece realmente la función docente.

¿Qué diferencia entonces una programación correcta de una programación defendible?

Una programación correcta puede tener todos los apartados.

Una programación defendible consigue que esos apartados tengan sentido juntos.

Es:

  • coherente;
  • viable;
  • conectada con el aula;
  • curricularmente sólida;
  • metodológicamente justificable;
  • evaluada durante el proceso;
  • sensible a las características del alumnado;
  • y suficientemente realista como para poder aplicarse.

Pero existe además otra diferencia importante.

El opositor entiende por qué ha tomado cada decisión.

Eso cambia completamente la defensa oral.

En la exposición, esa comprensión se reconoce en la forma de explicar, reformular y responder. Desarrollo esta relación en el artículo sobre dominar la programación antes de defenderla.

Cuando una programación se construye únicamente siguiendo una plantilla, hay que memorizarla.

Cuando se construye comprendiendo cada decisión, se puede defender.

Para trabajar los aspectos técnicos propios de tu etapa, tienes las guías de programación de aula de Educación Física en Primaria y de programación didáctica de Educación Física en Secundaria.

Una programación no debería parecer perfecta: debería parecer real

Cuando corrijo programaciones, no busco que todo parezca ideal.

Busco que tenga sentido.

Porque la enseñanza real no es perfecta.

Exige observar. Adaptarse. Evaluar. Tomar decisiones. Rectificar. Motivar.

Y acompañar al alumnado durante su proceso.

Por eso, una de las recomendaciones a las que doy más importancia cuando alguien empieza a construir su programación es sencilla:

plantea algo realista y humano.

Piensa que detrás de cada decisión habrá un grupo de personas.

Y que tu función no consiste únicamente en enseñarles determinados contenidos.

También consiste en observar cómo aprenden, evaluar su evolución y ayudarles a mejorar.

Cuando esa idea aparece de verdad en una programación, se nota.

Y también resulta mucho más fácil defenderla ante un tribunal.

¿Estás preparando tu programación de Educación Física?

Si estás preparando las oposiciones de Educación Física de Primaria o Secundaria, una parte importante del proceso consiste precisamente en conseguir que la programación deje de ser una suma de apartados y se convierta en un proyecto coherente.

Durante la preparación trabajo de forma individualizada la programación de cada opositor, revisando de manera exhaustiva:

  • coherencia entre apartados;
  • situaciones de aprendizaje;
  • metodología;
  • evaluación;
  • atención al alumnado;
  • personalización;
  • viabilidad;
  • y defensa oral.

La programación se construye de forma personalizada, respetando siempre la normativa vigente y las exigencias de la convocatoria.

El objetivo no es que todos presenten el mismo documento.

Es conseguir una programación propia, coherente, realista y defendible.

Puedes consultar la preparación específica de Educación Física de Primaria o Educación Física de Secundaria, o solicitar una sesión diagnóstica gratuita para comentar tu situación y resolver tus dudas.